Ubi solitudinem faciunt, pacem appellant.

“Donde hicieron un desierto, dicen que dieron paz.” Esta amarga frase fue atribuida a Tácito (Vita Agricola, 30) y puesta en boca de Galgacus, jefe celtibérico, quien denunciaba los excesos de los romanos. Galgacus sabe escoger las palabras adecuadas para describir a los conquistadores que intentan justificar sus estragos, alegando que llevan la civilización. Para él, los romanos, “invasores del universo, […] persiguen con igual ardour riquezas y miseria: quitar, degollar, saquear, en su falso lenguaje, es gobernar; y, donde hicieron un desierto, dicen que dieron la paz.” Con estas palabras, Galgacus también desmitifica una cierta forma que tienen los poderosos de disfrazar la realidad a su conveniencia, que es el “lenguaje falso”, el “lenguaje de madera” de conquistadores y maestros.

Hoy en día, este espejismo es cada vez más frecuente en cuanto a creer en lo que otros quieren mostrarnos en redes sociales sin que ello sea real, dejando que nos impacten y asombren las apariencias.

El Gran Gatsby retrata esta idea al presentar el sueño americano, lleno de lujos y éxitos en sus fiestas; sin embargo, toda esa opulencia en el día a día resulta insoportable, pues la soledad golpea con fuerza cuando las luces se apagan.

Shakespeare lo expresó así en su obra “Mucho ruido y pocas nueces”, al referirse a promesas vacías. Incluso, el cuento “El traje nuevo del emperador” nos advierte sobre ello. «No tiene por qué ser verdad lo que todo el mundo piensa que es verdad».

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