Fluctuat nec mergitur
«Es sacudido por las olas, pero no se hunde» Este es el lema de la ciudad de París, que tiene como emblema un barco, pero que no es un puerto marítimo. ¿Posible reminiscencia de los tiempos en que la poderosa corporación de comerciantes de agua dirigía la ciudad? ¿O incluso una alusión a la primitiva isla de Lutèce, comparada con un barco que navega por un cólero Sena? Son preguntas, que hasta el día de hoy, siguen sin respuesta. Pero este orgulloso lema quiere recordar sobre todo que es en las tormentas de la historia, invasiones, revueltas, hondas, revoluciones, guerras, que París ha sabido mantenerse firme.
Así como un barco se mantiene a flote a pesar de las dificultades, o como París, es importante recordar que hemos llegado a donde hemos llegado, por las dificultades que parecían ahogarnos, olas que podían tumbarnos, y aquí seguimos. Algunas veces nos caímos o nos vencimos, pero seguimos adelante, con esfuerzo y dedicación. Con perseverancia.
La grandeza de las personas, son aquellas que viven la virtud de la perseverancia, aquél hábito que mantiene el paso a pesar de las dificultades, porque conoce y quiere un fin y busca conseguirlo. Controla su necedad y reconoce cuando es imposible, pero también sabe avanzar enfrentando dificultades sin tirar la toalla al primer momento. Es actuar bien aunque no esté de moda, no buscar ventaja aunque sea fácil, es actuar contra corriente buscando el bien futuro, no quiebra ante los bienes fáciles que nos distraen.
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