Mens sana in corpore sano

«Alma sana en un cuerpo sano» El autor de esta máxima es Juvenal (Sátiras, X, 356). El hombre verdaderamente sabio, dice el poeta latino, no pide al cielo nada más que la salud del alma con la salud del cuerpo. Pero estos versos (Orandum est, ut sit mens sana in corpore sano) a menudo se desvían de su significado original, para hacerles sentir que la salud del cuerpo es una condición importante de la salud mental, o que debemos mantener tanto nuestro cuerpo, a través de la actividad física, como nuestra mente, a través de la actividad intelectual. Lo que se esperaba del cielo se ha convertido así en el resultado de una disciplina que se ejerce sobre uno mismo.

El equilibrio es indispensable para una vida feliz, los griegos así lo declaraban, para pensar bien hay que estar bien, y esto nos lleva a buenos pensamientos. Actualmente, tener un cuerpo sano está de moda, no tanto la mente sana, nos obsesionamos con un cuerpo estéticamente agradable, dedicamos horas, perdemos planes por estar cuidando el cuerpo, sin realmente pensar que es una parte de mi persona. Otros, valoran más la mente sin considerar su cuerpo, nos vemos desaliñeados, somos incapaces de cocinarnos, de limpiarnos de buscar nuestro bienestar por obsesionarnos por los estudios, descuidando las amistades, la salud del cuerpo comiendo lo que sea y perdiendo una vida feliz. 

El hombre es cuerpo y alma, es una unidad, tanto cuerpo como la mente son indispensables en el desarrollo de la persona. Es importante gozar de buena salud tanto del cuerpo y del alma, para esto tenemos las virtudes cardinales. Éstas son hábitos adquiridos que nos inclinan a actuar bien, evita dejarse llevar por impulsos, sino que actúa de acuerdo al justo medio, logra un equilibrio y actúa de acuerdo a lograr la armonía. La prudencia perfecciona la inteligencia al saber pensar antes de actuar de acuerdo a la verdad de las cosas; la justicia perfecciona a la voluntad al vivir la verdad con los demás dando a cada quien lo que le corresponde; la fortaleza perfecciona al apetito irascible al conseguir con la verdad los bienes arduos; finalmente la templanza que perfecciona el apetito concupiscible al controlar la verdad de los placeres. Con estas virtudes, lograremos tener una mente sana y un cuerpo sano.

¿Eres virtuoso? Conoce tus hábitos con este test: https://forms.gle/vMan4fnwsQjZfxV76

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *