Uti, non abuti
“Usar, no abusar” es una frase que nos recuerda a medir nuestras cosas. no se trata de rechazarlo todo, sino de disfrutar de las cosas sin atascarnos. A menudo se cita, pero más raramente se pone en práctica. En la actualidad vivimos al revés de este adagio antiguo: “usamos y abusamos”. Queremos saturarnos de las cosas que están de moda y perdemos el sentido y el gusto por lo que hacemos las cosas. Ese afán por consumir nos lleva a tener conductas irracionales, lastimamos a otros y nos evadimos por estar consumiendo.
Podemos comparar la moral de este uso, no a la del lema “de todo, un poco”, o incluso a la orden judicial moderna que acompaña a los anuncios de bebidas alcohólicas: “consumir con moderación”. El equilibrio es la clave para el consumo, es lo que nos permite lograr la armonía entre las cosas diversas y variadas sin limitarnos, y tampoco, saturarnos.
Sócrates decía que si la felicidad es el placer, entonces el sarnoso (quien tiene comezón) que se rasca ya es feliz. La felicidad no se agota en el placer, por lo que es importante darnos cuenta que una vida llena de placeres es vacía.
Porque aquí, a la inversa, es el consumo el que nos desgasta, nos termina drenando y nos pierde de lo que realmente queremos: la felicidad y no el placer. La templanza es la virtud clave que nos ayuda a tener un equilibrio en el consumo, nos permite disfrutar de todo un poco sin llevarnos al arrepentimiento o al hastío, si o a poder ser feliz con armonía. Solo la felicidad nos llena en el equilibrio y el control del consumo. De lo bueno poco.
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